lunes, 11 de septiembre de 2017

Petras sobre México, Brasil y Argentina

Debemos reconocer que hay una desintegración de los Estados, particularmente de los gobernantes. Una degeneración total en la moral, en la ética, en los compromisos con la ciudadanía, incluso con lo que podríamos decir el orden legal.

En el caso de México (...) hay un Estado controlado por los delincuentes a todo nivel. Los gobernantes, el presidente Peña, las policías, los paramilitares, los cárteles forman una línea vertical de influencia a diferentes niveles, no sólo de la política territorial sino también de las economías. Nunca hemos visto tanto terrorismo como el que existe en los pueblos y las provincias de México. Cada día hay decenas de asesinatos, que incluyen todo tipo de personas (periodistas, ancianos, maestros, estudiantes, etc.) Y no sólo en las provincias, ahora los matones organizados con la complicidad de la policía y el gobierno, ocupan los grupos turísticos como la costa cerca de Estados Unidos en el sur y las partes controlando las costas, etc.

Entonces, es un Estado policial corrupto donde cientos de millones de dólares entran y salen del país rápidamente a las cuentas de los ricos. Los ricos, los capitalistas vinculados con los carteles y los bancos extranjeros. En otras palabras, la imagen de México como un gobierno normal, como una ciudadanía alegre, como un país donde el progreso podría conseguir algunos beneficios en asociación en el exterior, no existe. México es un país controlado por los corruptos que están operando en todos los niveles, controlando los procesos políticos, controlando el funcionamiento de la economía, vinculado con las mafias, etc.

Ahora, si pasamos a Brasil podríamos decir algo paralelo, también en Brasil los gobernantes están vinculados con los grandes capitales a partir de coimas y corrupción en todos los niveles, desde alcaldes hasta el presidente. Y no sólo de la derecha capitalista sino de sectores de lo que llamamos la centro-izquierda. Y como eso funciona, no hay ninguna posibilidad de realizar una política que podría beneficiar la ciudadanía. Cuando hay enormes recursos como el crecimiento a partir de los booms, commodity booms como dicen, podrían repartir algunos beneficios. Pero termina el boom y ahora la concentración de la economía crece, las medidas salen ahora a partir de la privatización de 57 de las empresas públicas más poderosas, ricas y lucrativas.

Es la gran venta del siglo o de dos siglos. Las cifras podrían superar miles y millones que los mercados, los financistas, los inversionistas están a la espera. A pesar que alguna gente dice, ¿cómo pueden vincularse con delincuentes en el gobierno? ¿Cómo pueden vincularse con policías que matan a ciudadanos por acusaciones sin proceso judicial? Es porque son los más dispuestos a robar el patrimonio nacional. Para dar un ejemplo, podríamos decir que los que están involucrados son todos, son los aeropuertos, los puertos, el transporte, todos los sectores que puedes imaginar. Incluso los lugares más importantes. Luz y Fuerza, la electricidad, la empresa más importante está a la venta. Ahora, lo que puede pasar en México como en Brasil es identificar dónde están las puntas de lanza para cambiar eso.

En el caso de Brasil, el mismo gobierno está sometido a juicios por corrupción y hay un gran descontento generalizado. Lo que falta es unidad de acción, unidad que podría levantarse y paralizar al gobierno, tumbar al gobierno. Lo mismo en México donde hay muchas protestas en todos lados, incluso hay grupos de autodefensa, pero no tienen ninguna unidad aparte de la candidatura del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Podríamos decir que la candidatura podría avanzar, incluso ganar las elecciones pero perder la Presidencia en el estilo común en México donde los robos de resultados siempre se dan. Entonces tenemos 3 cosas aquí, la degeneración total de los sistemas políticos económicos, el gran costo para el público y las grandes mayorías, y la posibilidad de una respuesta, pero una respuesta sometida a la corrupción y la mafia que dirigen las máquinas electorales.

En Argentina, contra los asesinatos y la entrega a los bancos que están en procesos de tomar toda la riqueza del país, la deuda crece y la resistencia crece. Podríamos decir, en otras palabras, que hay un poderoso rechazo generalizado por un lado, que es positivo y por el otro lado siguen a los delincuentes en el poder. Entonces, es un proceso de ver quién puede ganar la fuerza suficiente para cambiar la política defensiva hacia la política ofensiva.

Es difícil en este momento para nosotros decir que es inevitable que caigan los corruptos, los escándalos, la venta de la patria, la desintegración de la red social. Pero no es tan evidente cuando la oposición tiene éxito tumbando al gobierno, podrían poner la alternativa positiva. Ese es el problema, no hay falta de oposición, el Sr. Temer en Brasil tiene menos de 10% de aprobación pública. Macri está cayendo, no tiene ningún apoyo en ningún sector organizado socialmente con alguna base popular. Ninguna, ningún sindicato, los más burocratizados están organizando algunas acciones, una huelga general incluso. Pero tiene apoyo limitado entre sectores de los porteños, los caciques en el interior y otros más. Pero el problema es quién va a reemplazarlos, quién tiene la fuerza de movilizar y actuar con suficiente fuerza. Porque una cosa es que Cristina Kirchner gane una elección como senadora en Buenos Aires, y otra es organizar por la toma de poder, como recordamos en el año 2001, el levantamiento que tumba el gobierno.

El  señor Macri, como Temer y como los asociados, no están dispuestos a aceptar un resultado simplemente electoral o cambio de Congreso. Estos tipos son de otra cosa, son los que quieren mantener el poder a todo costo, si necesitan la represión, los asesinatos, los robos, la venta, van a tomar este camino. Va en el camino de México, de Colombia, del asesinato, y ese es el problema. Las elecciones son necesarias pero no suficientes. Antes y después de las elecciones la oposición tiene que estar preparada a tumbar a los gobernantes.

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