jueves, 7 de septiembre de 2017

Carta al Papa de campesino colombiano

Bienvenido a Colombia Papa Francisco.

Llega Usted a un país bendecido grandemente en la madre tierra; con hermosas montañas quienes en sus picos más altos aún conservan nieves perpetuas, lagos y lagunas sagradas, de estas nacen cristalinos y caudalosos ríos que irrigan las exuberantes selvas en el Pacifico, la Amazonía y la Orinoquía como también a los fértiles valles interandinos, llanos, llanuras y sabanas que por su inmensidad en las mágicas noches de luna llena, nos dan la sensación que podemos ir y tomarla en nuestras manos cuando está naciendo; poseemos también desiertos con exuberante belleza en su conformación; nos armonizan y privilegian geográficamente el cálido mar Caribe y el enigmático mar Pacífico; en las entrañas de cada una de estas maravillas existen innumerables riquezas en hidrocarburos, yacimientos mineros, piedras preciosas, somos el tercer país en variedad de especies animales vivas y el primero en aves y anfibios, el tercero en reptiles, poseemos más de 3.000 espécies en mariposas; tenemos el 10% de las especies en plantas que existen en el planeta y el primer lugar en orquídeas que son consideradas nuestra flor nacional; disfrutamos de todos los pisos térmicos y con ellos la posibilidad de producir durante todo el año diversidad de frutos, tubérculos, granos, algo muy nuestro que es la panela obtenida de la caña y nuestro suave y delicioso café.

Junto a todo esto, Papa Francisco; está el principal componente del país: cerca de 49 millones de mujeres y hombres que tuvimos la fortuna de nacer en este paraíso llamado Colombia; una nación multiétnica y pluricultural; enriquecida con 102 pueblos Indígenas que desde la invasión española se resisten a desaparecer conservando aun 83 de sus lenguas, la cultura, la identidad, el gobierno propio y el territorio. Pueblos Afrodescendientes y Raizales que aún conservan su ancestralidad y cosmovisión traídas de la madre Africa resistiendo al racismo, la discriminación, proponiendo la autonomía, autodeterminación y territorialidad. También pueblos Rom que llegaron se enamoraron y se quedaron en este país.

Existimos también Campesinas y Campesinos a quienes NO se nos reconoce constitucionalmente; somos hombres y mujeres que vivimos en el campo, producimos alimentos, fortalecemos la economía campesina, defendemos nuestra madre tierra, tenemos costumbres y tradiciones que enriquecen la cultura, la dinámica territorial y la diversidad del país y con el sudor de nuestro trabajo honramos la vida, cuidamos nuestras semillas y buscamos la paz.

Como es normal existen expresiones de fe y espiritualidad, diversidad sexual, diversidad de pensamientos y posiciones políticas; todos y todas con una característica especial: la alegría, el trabajo y en la mayoría de los casos la resistencia y la lucha por una vida digna.

Ahora bien, Papa Francisco, si me permite comentarle también otras de nuestras realidades: llega Usted a un país que ha sido azotado desde el mismo arribo de los invasores hace más de 500 años quienes sometieron nuestros pueblos originarios a la explotación, el saqueo, la marginación; situación que hoy se mantiene y se profundiza, una patria con una enorme desigualdad social, en nuestro campos la tenencia de la tierra, se encuentra acumulada en pocas manos: el 25% de los propietarios rurales es el dueño del 95% de las mejores tierras del país y de estas el 0.4% son mayores de 500 hectáreas ocupando el 77.6% de las tierras productivas; lo triste es que la tierra ha sido apropiada a sangre y fuego, acompañada por una legislación para el despojo que defiende los intereses de las empresas transnacionales, grandes capitales nacionales; impulsando también su extranjerización, implementando megaproyectos, monocultivos, y con ello, la pérdida de nuestra autonomía y soberanía alimentaria, el socavamiento de la cultura e identidad campesina. Hoy en el campo no tenemos acceso a buena educación, a salud, a vivienda digna, los jóvenes no tienen reales oportunidades viéndose obligados a partir a las grandes ciudades o a engrosar las filas militares.

La corrupción campea en todas las esferas del país desde el alto gobierno, congresistas, fuerzas militares, cortes de justicia, corporaciones, partidos políticos etc. Lamentablemente se ha perdido la ética de lo común. No hay acceso a la salud, ésta es un negocio lucrativo y accede a ella el que puede pagarla, los feminicidios y la violencia contra las mujeres es lamentablemente un flagelo que vive nuestra sociedad, el paramilitarismo (ahora los llaman bandas criminales), arrecia su presencia en las regiones, el desplazamiento forzado se mantiene sumando más de 7.7 millones de desarraigados en los últimos 20 años, solo en el año 2016 fueron desplazadas 3.068; familias, los desaparecidos que suman 84.642 los continuamos buscando, aquí muchos niños mueren por desnutrición, la violación a los derechos humanos sigue siendo una constante; en el año 2016 asesinaron 117 líderes sociales y de enero a junio del presente año se presentaron 225 amenazas, 52 asesinatos, 32 atentados, 18 detenciones arbitrarias y 9 casos de judicialización como una práctica de persecución política.

El acuerdo firmado entre el gobierno nacional con las Farc es un gran paso, alivia, pone fin a un conflicto armado de más de 50 años los acuerdos firmados son una base importante en los pilares de la paz y por eso es fundamental el cumplimiento de estos; es también muy esperanzador los diálogos que se llevan con el Ejercito de Liberación Nacional ELN hoy la guerrilla más vieja del continente, los que amamos la paz hacemos votos para que se llegue a feliz término esta negociación.

Sin embargo Papa Francisco, hay que ser conscientes que la paz no la logra un acuerdo firmado, la paz se logra con la participación de toda la sociedad quienes discutiendo los problemas, buscando salidas, compartiendo las propuestas y con la decisión de todos aportar desde sus posibilidades seguramente se solucionan los problemas y nos enrutamos a un país incluyente y justo.

Con todo lo mencionado Papa Francisco me atrevo a asegurar que en Colombia no hay paz, el día que tengamos acceso al trabajo digno, a la educación, la salud, la vivienda, la recreación, la democracia, la justicia, la reparación y la no repetición podremos hablar que hemos alcanzado la paz.

Papa Francisco hay unos pocos o unos muchos que hacen mucho daño, pero somos muchas y muchos más los que pensamos en el perdón, la reconciliación, que luchamos por una vida digna y por una tierra que heredaremos a nuestras futuras generaciones.

Con todo esto, solo me resta decirle Papa Francisco que su experiencia y sabiduría le indicará como continuar escuchando a quienes no se nos escucha, apoyando a los desprotegidos y siendo la voz de los que no tenemos voz en Colombia y en los pueblos del mundo.

Bogotá, Colombia septiembre 3 del 2017

Germán Bedoya, campesino colombiano

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que pena para nosotros los mortales que el Papa ese solo sabe latin y es una lengua muerta.